¿Cuánto valen realmente las perlas? — Los factores que determinan su precio
Aunque la belleza de la joyería de perlas es indiscutible, su valor varía notablemente en función de varios factores: tipo de perla, tamaño, forma, color y lustre. A continuación encontrará una guía rápida para comprender cuánto valen estas joyas del mar.
Para muchas personas, su primera joya de perlas llegó como un regalo de su madre o de su abuela. Tal vez fue un obsequio de cumpleaños a los dieciséis años —como dictó la tradición durante muchos años— o un regalo familiar de boda heredado de quien lo lució en su propio enlace décadas atrás.
Con tantas joyas de perlas antiguas o heredadas, es natural sentir curiosidad por su valor. ¿Envejecen bien las perlas? ¿Mantienen su valor con el paso del tiempo? ¿Habrá crecido su valor cuando lleguemos a regalarlas a nuestros hijos o nietos? Veamos los distintos factores que determinan el valor de la joyería de perlas.
Según los estándares del sector, tanto las perlas naturales como las cultivadas se consideran «auténticas». Aunque a menudo se atribuye erróneamente el adjetivo natural a la joyería de perlas cultivadas, la inmensa mayoría del mercado actual está fabricada con perlas cultivadas.
Dentro de las perlas cultivadas distinguimos dos grandes grupos: perlas de agua dulce y perlas de agua salada, nombradas según el medio en el que se cultivan. Dentro de las de agua salada se encuentran la Akoya (a veces llamada simplemente «perla de agua salada»), la perla de Tahití y la perla del Mar del Sur. De ahí surgen las cuatro familias de perlas cultivadas.
Si bien cada una representa un rango de calidad y precio, en términos generales el tipo de perla cultivada más caro es la del Mar del Sur, seguida de la perla de Tahití, la Akoya y, por último, la perla de agua dulce.
¿Qué afecta al valor de una perla?
Tamaño
Cuando el resto de factores de valor son iguales, las perlas más grandes son más valiosas que las pequeñas. No obstante, una perla pequeña de altísima calidad casi siempre superará en valor a una grande de calidad inferior.
Cada tipo de perla tiene su rango de tallas:
- Las perlas de agua dulce comienzan en torno a los 4 mm y alcanzan los 15 mm aproximadamente.
- Las perlas Akoya van de 3 mm hasta unos 10 mm.
- Las perlas de Tahití van de 10 mm hasta 18 mm.
- Las perlas del Mar del Sur van de 8 mm y, en casos excepcionales, alcanzan los 20 mm.
Forma
En todas las variedades, las gemas perfectamente redondas son las más valiosas. Incluso en las granjas perlíferas existe un margen limitado para controlar la formación de la perla: solo el 3 % aproximadamente de la cosecha anual resulta perfectamente redonda.
Otras formas son la casi redonda, la gota y la barroca. Las perlas en gota bien igualadas resultan muy deseadas en pendientes, y ciertas perlas barrocas alcanzan precios elevados en diseños creativos; aun así, las formas no redondas suelen comercializarse con descuentos sensibles.
Color
Para muchas personas, el color es lo primero que les atrae de una perla. Ya sea el blanco prístino de una clásica sarta Akoya, el dorado elegante de las perlas del Mar del Sur o los tonos lavanda suavizados de un collar contemporáneo de agua dulce, la gama de colores disponible en la joyería de perlas ofrece algo para cada estilo.
En términos generales, los colores menos habituales son más valiosos que los comunes. Las perlas doradas del Mar del Sur alcanzan siempre precios elevados. Coloraciones únicas en agua dulce, como el púrpura y el bronce, se venden con gran rapidez. La perla de Tahití, con su amplia gama de reflejos multicolores, alcanza los precios más altos en tonos como el rojo cereza y el púrpura berenjena.
En las perlas blancas, los reflejos amarillentos se consideran menos valiosos que los plateados o rosados.
Lustre
El lustre es, probablemente, el factor de valor más importante para determinar la belleza de una perla. Es el «resplandor» que emerge desde el interior, fruto de las finas capas de nácar que reflejan la luz una y otra vez.
Puede juzgar si sus perlas presentan buen lustre observando los reflejos en su superficie. Los bordes serán nítidos y definidos y los reflejos mostrarán fuerte contraste, lo que significa que las zonas iluminadas serán muy blancas y las oscuras, profundas y ricas. Las perlas Akoya son célebres por su lustre nítido y espejado, mientras que las perlas de agua dulce y las del Mar del Sur tienden a presentar reflejos algo más suaves.
Las perlas de baja calidad no muestran mucho brillo ni contraste, con los distintos tonos mezclándose sin definición.
Calidad de superficie
Si conoce los diamantes, sabrá algo sobre la graduación de su claridad. Las perlas se gradúan de forma similar, aunque sus características de claridad se sitúan en la superficie, no en el interior.
La superficie debe ser lisa y libre de imperfecciones, de modo que la luz se desplace sin obstáculos. Es natural que las perlas presenten marcas superficiales leves, ya que se forman de manera orgánica. Muchas tienen pequeñas marcas que demuestran que son auténticas y únicas. El problema surge cuando esas marcas son lo bastante numerosas o llamativas como para restar belleza a la perla.
Calidad del nácar
La calidad del nácar guarda relación con el lustre. En este contexto, se refiere al grosor del nácar que recubre el núcleo central o el irritante implantado. Las perlas de agua dulce y las perlas naturales se nuclean con irritantes biodegradables, como tejido cutáneo. Esto significa que, a medida que la perla crece, el núcleo se disuelve y la perla queda compuesta enteramente de nácar.
Las perlas de agua salada, en cambio, se nuclean con una bolita fabricada en concha o en plástico, alrededor de la cual crece el nácar. Si el nácar es muy fino, podrá apreciarse una sombra oscura donde la bolita transparenta: indicio de mala calidad de nácar. El nácar debe ser grueso y consistente, lo que contribuye tanto a la durabilidad de la perla como al juego de luz que llamamos lustre.
Igualación (matching)
Es un criterio de calidad para collares, juegos de pendientes y broches con varias perlas. No se considera en anillos ni en piezas con una sola gema, como los alfileres de corbata.
Dado que los reflejos pueden variar tanto entre perlas, es esencial elegir gemas bien igualadas. Esto es especialmente cierto en las perlas de Tahití, que presentan un amplio abanico de tonalidades. Las perlas deben mostrar colores iguales o complementarios, con tamaños que se degraden de forma sutil en lugar de hacerlo en saltos abruptos, y deben ser lo más parecidas posible en forma. En un collar de perlas, el color del hilo debe coincidir con el color de cuerpo de las perlas.
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